UNIDAD 2. Al-Ándalus y los reinos cristianos hasta el siglo XIII..
El ciego sol se estrella en las duras aristas de las armas, llaga la luz los petos y espaldares y flamea en las puntas de las lanzas.
El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana, el destierro, con doce de los suyos -polvo, sudor y hierro-, el Cid cabalga.
Manuel Machado; Fragmento de «Castilla», Alma, 1900 1 (29)
{1 (29)}
1. Conquista y evolución política musulmana de la Península.
A finales del siglo vii, la monarquía visigoda había entrado en crisis. Las gran- des familias nobiliarias se disputaban el trono y los últimos años del reino trans- currieron en medio de conspiraciones y muertes violentas de reyes y miembros de la familia real.
Unos años antes, en Arabia había surgido un movimiento religioso encabeza- do por Mahoma: el islam. La nueva religión se fundamentaba en la existen- cia de una comunidad de creyentes en un único dios (Ala) que convirtió el vínculo religioso en un vínculo político. La revelación de Alá a su profeta Ma- homa se concreta en un libro, el Corán.
Los musulmanes iniciaron una rápida expansión que les llevó a las puertas del reino visigodo a principios del siglo VIII.
1.1. La conquista musulmana de la Península.
Aprovechando las disputas internas entre los visigodos, en el año 711 un ejér- cito musulmán compuesto por bereberes y una minoría árabe desembarcó en la Península y derrotó al rey visigodo Rodrigo en la batalla de Guadalete. Di- rigidos por Muza, gobernador (valí) del norte de África, y Tarik, los musulma- nes tomaron Toledo, capital del estado visigodo, y en menos de un lustro la casi totalidad de la Península estaba bajo su control. En torno al 720 domina- ban la mayor parte del territorio, excepto la cornisa cantábrica y la franja oes- te de los Pirineos.
La rapidez de la conquista musulmana se debió a la fragilidad de la monarquía visigoda y a la firma de acuerdos o capitulaciones con las poblaciones locales y la nobleza. La invasión y ocupación de la Hispania visigoda supuso la isla- mización gradual del territorio y de la población. Tras la conquista, la Penín- sula se incorporó a la comunidad política musulmana con el nombre de Al-Ándalus.
{2 (30)}
1.2. El emirato dependiente del califato de Damasco (711-756).
Al-Ándalus se convirtió en un emirato dependiente, sometido a la autoridad PO- lítica y religiosa del califa, que gobernaba el Imperio islámico desde Damasco.
Los musulmanes asentados en la Península fijaron su capital en Córdoba. Otras ciudades importantes, Mérida, Toledo y Zaragoza, se convirtieron en capitales de las marcas, zonas fronterizas, inferior, media y superior.
El primer emir fue Abdelaziz (714-716), que extendió el dominio musulmán has- ta Pamplona, Tarragona y Barcelona, y sur de la Galia. Aunque los musulmanes intentaron ocupar los territorios situados al otro lado de los Pirineos, su avance fue frenado por los francos, liderados por Carlos Martel, en la batalla de Poitiers (732).
Dabiple de Carlomagno, Pronto surgieron rivalidades entre los conquistadores: árabes (quaysíes y ye- meníes) y bereberes. Los primeros habían sido los más favorecidos por la con- quista, lo que desató el resentimiento de los bereberes que, descontentos por su situación de subordinación y por la adjudicación de las tierras menos pro- ductivas, se rebelaron (739-741). El levantamiento fue aplastado por soldados sirios enviados desde el norte de África, a quienes se les entregó como recom- pensa tierras de labranza en el este y sur peninsulares.
En el año 750 la familia de los Abasíes se hizo con el control del califato de Damasco, después de eliminar a los Omeyas. No obstante, uno de sus miem- bros, Abd al-Rahmán, logró sobrevivir y llegar a Al-Ándalus. Allí tomó la ca- pital del emirato con ayuda de sirios, yemeníes y una parte de los bereberes.
1.3. El emirato omeya independiente (756-929).
En el año 756 Abd al-Rahmán I, miembro de la familia Omeya, se proclamó emir independiente del califato de Bagdad, ciudad en la que los Abasíes establecieron la nueva capital. El nuevo Estado poseía independencia política y militar, pero des- de el punto de vista religioso reconocía la autoridad del califa de Bagdad.
Entre sus sucesores destacaron Al-Hakam I y Abd al-Rahmán II. El emirato independiente reestructuró la organización administrativa (provincias fronte- rizas y provincias interiores), aumentó la recaudación de impuestos y organi- zó un ejército permanente compuesto por mercenarios.
En el interior surgieron dos tipos de problemas: los frecuentes enfrentamien- tos entre la capital, Córdoba, y las ciudades de las marcas fronterizas, ansiosas de mayor autonomía, y las tensiones derivadas del aumento de la presión fis- cal sobre mozárabes y muladíes, que degeneraron en rebeliones. La más cono- cida fue la liderada en el siglo ix por Omar Ibn Hafsun en Zaragoza, muladí que se convirtió nuevamente al cristianismo.
En el exterior, el emirato mantuvo las fronteras anteriores con los reinos cris- tianos del norte, pero les sometió a expediciones militares de castigo para ami- norar su poder y conseguir botín (aceifas).
1.4. El califato de Córdoba (929-1031).
La crisis del emirato independiente a inicios del siglo x concluyó con el acceso al poder de Abd al-Rahmán III, que se proclamó califa en 929: asumió el lide- razgo político, militar y religioso y rompió con la autoridad del califa de Bagdad.
{3 (31)} Abd al-Rahmán III reunificó.y.pacificó Al-Ándalus.y sometió las marcas de Toledo y Badajoz. Incrementó los ingresos obtenidos por los impuestos y orga- nizó un gran ejército. Durante la segunda parte de su gobierno detuvo los avan- ces conseguidos por los cristianos y estableció un protectorado en el norte de África. Convirtió el califato de Córdoba en la principal potencia islámica de la época, que recibía embajadas de los reinos cristianos del norte, de Bizan- cio, etc. Su esplendor residió en la capacidad de sus gobernantes, en su pros- peridad económica, en el desarrollo agrícola y en el auge urbano y comercial.
Se produjo un renacimiento artístico y cultural que hizo de Córdoba uno de los centros más avanzados del mundo.
Su hijo Al-Hakam II continuó su labor y, en la biblioteca del palacio de Me- dina Azahara (Córdoba), reunió miles de volúmenes. Durante la minoría de edad de su hijo Hissam II, el gobierno del califato pasó a manos del hayid (pri- mer ministro) Al Mansur (Almanzor). El ejército musulmán dirigido por él al- canzó continuas victorias y las razias contra los reinos cristianos fueron constantes y provechosas. Tras la muerte de Almanzor (1002), sus hijos, tos amiries, conservaron el poder hasta 1009. Después, la inestabilidad política provocó la abdicación de Hissam II. El califato desapareció en 1031.
{4 (32)}
1.5. Los reinos de taifas y los imperios norteafricanos.
Después de la desaparición del califato, Al-Ándalus quedó dividido en taifas, Estados de pequeño tamaño y de existencia efímera, y en ocasiones enfrenta- dos entre sí. Se generaron en tres momentos distintos entre los siglos XI y XIII.
Fueron paulatinamente absorbidos por los reinos cristianos, excepto tras la llega- da de los pueblos norteafricanos (almorávides y almohades), que temporalmente lograron unificar el territorio ocupado por los musulmanes en la Península.
1.5.1. Primeros reinos de taifas (1031-1085).
Aparecieron en el siglo xi: conglomerado de veinte pequeños reinos dominados por árabes, bereberes o eslavos. La mayoría alcanzó un destacado desarrollo cul- tural, pero contaban con un sistema político inestable y escasa fuerza militar.
Para sobrevivir se vieron obligados a pagar parias (tributos) a los reinos cris- tianos. Desaparecieron por enfrentamientos y conquista entre ellas o con las monarquías cristianas. En 1085, la toma de Toledo por el rey Alfonso VI alar- mó a las taifas restantes, que solicitaron la ayuda de los almorávides, pueblo bereber del norte de Marruecos.
1.5.2. Los almorávides, siglo XI.
Los almorávides habían formado un imperio en el Magreb caracterizado por su rigorismo religioso. En 1086 acudieron a la Península, y derrotaron a los cas- tellanos en Sagrajas. Entre 1090 y 1110 se anexionaron todas las taifas, pero el Cid Campeador les impidió la toma de Valencia (1094) y no pudieron con- quistar Toledo.
La bajada de impuestos (los creyentes apenas los pagaban) y su empeño en apa- recer como restauradores del Islam favoreció la aceptación de su autoridad entre los musulmanes. Sin embargo, la pérdida de territorios ante nuevos avan- ces de los cristianos (Zaragoza), la aplicación de impuestos extraordinarios y el rigorismo religioso redujeron sus apoyos. Incapaces de hacer frente a la situación no pudieron evitar su desintegración. Como resultado aparecieron los denominados segundos reinos de taifas (1145-1147).
{5 (33)} 1.5.3. Los almohades, siglos XII-XIII {s} Los almohades eran un pueblo bereber que, después de des- plazar a los almorávides, había constituido un imperio en el norte de África. Caracterizados por la ortodoxia y la intran- sigencia religiosa, acudieron a la península ibérica en res- puesta al llamamiento de las taifas.
Entre 1146 y 1172 unificaron Al-Ándalus y establecieron la capital en Sevilla. Su desintegración comenzó después de su derrota ante el rey castellano Alfonso VIII en las Navas de Tolosa (1212).
Todavía aparecieron unas terceras taifas, pero únicamente sobrevivió Granada. Más adelante, un nuevo pueblo establecido en el norte de África, los benimerines, intentó invadir Al-Ándalus, pero fue derrotado en la batalla del Salado (1340).
1.5.4. El reino de Granada.
Fue el último Estado musulmán de Al-Ándalus. Pudo sobrevivir todavía dos siglos gracias a su habilidad diplomática y a su cohesión interna, fruto de una importante reorganización administrativa y militar. Granada fue gobernada por la dinastía nazarí.
Sus territorios se extendían por Almería, Málaga y Granada, y alcanzó su épo- ca de esplendor cultural en el siglo xiv. El reino nazarí de Granada fue con- quistado por los Reyes Católicos en 1492.
Bereberes: pastores nómadas habi- tantes del norte de África antes de la llegada de los musulmanes.
Islamización: proceso de incorpora- ción a la cultura islámica, que supo- ne la asimilación de sus creencias religiosas, sus tradiciones y del dere- cho islámico.
Muladi: cristiano convertido al is- lam. También se les llamaba maula, Mozárabe: era el nombre dado a las personas que vivían en territorio mu- sulmán y conservaban su religión cristiana.
Razias: ataques o incursiones que no pretenden la conquista del territorio enemigo sino conseguir botín y escla- vos y provocar la máxima destrucción.
Taifas: palabra árabe que significa abandos» y que designaba los pe- queños reinos en que se dividió Al- Andalus hasta en tres ocasiones: en 1031, al abolirse el califato; en tor- no al 1140, al debilitarse el Imperio almorávide; y tras la derrota de los almohades, en el 1212, en la bata- lla de las Navas de Tolosa.
Abd al-Rahmán I, 734-788.
Nació en Damasco y fue el único superviviente de la familia Omeya tras la matanza causada por los Abasies. Llegó a Al-Ándalus en el 755, donde consiguió apoyos y se proclamó emir independiente un año más tarde. Organizó un pode- roso, ejército que hizo frente a las revueltas internas y a los cristianos, a la vez que desarrolló una valiosa labor constructiva en la que desta- có la mezquita de Córdoba.
ABD AL-RAHMÁN III, 891-961.
En el año 912 sucedió como emir a su abuelo, en un momento crítico por las constantes revueltas internas, el independentismo de las marcas fronterizas, y las amenazas a sus fron- teras del reino asturleonés y de los fatimies del norte de África, Restableció el orden interno y, aunque derrotado en Simancas por el rey asturiano Ramiro II, finalmente se impuso a los reyes de León y Navarra y a los condes de Barcelona y Castilla.
Logró hacer frente al peligro fatimí, que motivó que Abd al-Rahmán III tomara los títulos de ca- lifa, príncipe de los creyentes y defensor de la religión de Dios en el año 929. Además, contro- ló el Estrecho y conquistó las plazas de Melilla, Ceuta y Tánger. Inició contactos diplomáticos con los Estados europeos, especialmente con Bizancio y con el Imperio alemán. Impulsó la eco- nomía, el comercio y la cultura, apoyó la construcción de numerosas obras públicas y monu- mentos en Córdoba y la edificación de la ciudad residencial de Medina Azahara.
{6 (34)}
2. Las instituciones político-administrativas.
Una vez llevada a cabo la conquista, los musulmanes organizaron el territorio peninsular como una provincia más del Imperio islámico y Al-Ándalus pasó a estar gobernada por un vali, delegado del califa de Damasco.
Con la proclamación del emirato independiente, el emir pasó a ser la máxima figura política de Al-Ándalus, aunque se reconocía la autoridad religiosa del califa. Esta situación se mantuvo hasta la proclamación de Abd al-Rahmán como califa, que pasó a ejercer un poder político absoluto y se convirtió en el máximo jefe espiritual de la comunidad musulmana andalusí.
Instituciones político-administrativas durante el califato de Córdoba:
Califa.
Administración dirigida por el hayib o hachib: primer ministro con amplias atribuciones en materia militar y de hacienda.
a) Administración central:
a.1.- Visires: control de las distintas ramas de la Administración.
a.2.- Kitaba: cancillería ocupada de la correspondencia, asuntos fronterizos, ejecución de los decretos del califa y reclamaciones.
a.3. Cadí: máxima figura judicial. Actuaba en función de las leyes islámicas y en nombre del califa.
b) Administración territorial:
b.1. Coras: provincias a cuyo frente estaba un valí que solía residir en la ciudad principal del territorio.
b.2. Marcas: franjas situadas e las zonas fronterizas con los reinos cristianos. En el califato eran la superior (capital Zaragoza), la media (Toledo y la inferior (Mérida).
Califa: del término árabe jalifa. Deno- minación que adoptaron los suceso- res del profeta Mahoma. Detentaban el poder religioso, político, civil y judi- cial sobre la comunidad musulmana.
Representaban a Alá y gozaban de un poder absoluto.
{7 (35)}
3. Revitalización económica y urbana.
La estructura económica de Al-Ándalus.estaba basada, como todas las de su época, en la agricultura. Sin embargo, fue el desarrollo del comercio y de la artesanía lo que singularizó la economía andalusí.
La tríada mediterránea (cereal, vid y olivo) siguió siendo el fundamento de la agri- cultura peninsular, pero los musulmanes mejoraron la producción gracias a la in- troducción y el perfeccionamiento de sistemas de regadío como las norias.
Además, introdujeron nuevos cultivos procedentes de Oriente (cítricos, al- godón, etc.) e impulsaron el desarrollo de la ganadería, especialmente ovina.
Predominó la gran propiedad, aunque la mediana y pequeña fueron más fre- cuentes en las zonas de regadío.
Al-Ándalus destacó por su excelente y variada actividad artesanal. Alcanzó un fuerte auge la elaboración de tejidos de lana, algodón, seda y lino, el traba- jo del cuero, de la madera, la orfebrería, la cerámica... Esta actividad artesa- nal recibió un impulso decisivo por los numerosos intercambios en los zocos (mercados) de las ciudades. También el comercio exterior conoció una etapa de prosperidad, especialmente con Oriente, y los andalusíes contaron con una importante marina mercante.
Además, mientras que en el Occidente cristiano apenas había circulación mo- netaria, el dinar de oro y el dirham de plata se convirtieron en monedas de uso más allá de la propia Al-Ándalus.
Las ciudades desempeñaron un papel fundamental en el mundo andalusí.
Ejercieron como núcleos administrativos (centros políticos, religiosos o cultu- rales) y como centros de mercado local y de intercambio internacional. Los musulmanes revitalizaron la red urbana que existía a su llegada y la ampliaron con nuevas ciudades: Madrid, Almería...
Algunas ciudades fueron las más grandes del occidente europeo; Córdoba llegó a tener más de 100 000 habitantes en el siglo x. Las ciudades estaban amuralladas (medina) y acogían en su interior los edificios más importantes: mezquita, zoco, alcazaba (fortaleza militar). En la zona extramuros se extendían los arrabales.
{8 (36)}
4. Estructura social.
La estructura social de Al-Ándalus era muy compleja, ya que a la existencia de diversos grupos étnicos, se añadían las diferencias sociales establecidas en función de la religión.
Estructura social de Al-Ándalus a) Comunidad musulmana a.1. Árabes.
Procedentes de Oriente, poco numerosos pero con el mejor nivel económico: vivían en ciudades, poseían las mejores tierras y ocupaban los principales cargos políticos.
a.2. Bereberes.
Procedentes del norte de África, ocupaban peores tierras y cargos inferiores a los árabes; muchos de ellos eran ganaderos.
Su situación genero descontento y, a veces, derivó en sublevaciones a.3. Muladies.
Constituían la mayoría de la población; eran peninsulares Cristianos convertidos al islam.
Ocupaban puestos inferiores en el escalafón social y la mayoría eran campesinos.
b) No musulmanes o dimnies (obligados a pa- gar impuestos para conservar su religión).
b.1. Mozárabes.
Cristianos que vivían en Al-Ándalus conservando su religión y costumbres. Solían dedicarse a la agricultura y la artesanía.
b.2. Judíos.
Poco numerosos pero con gran influencia social, ya que destacaban en el comercio, el préstamo y la medicina. Solían vivir en las ciudades, en barrios denominados juderías.
La convivencia entre musulmanes, cristianos y judíos fue pacífica, salvo en algunos periodos de revueltas. No obstante, durante los imperios almorávide y almohade cambió la situación y en muchas ocasiones fueron perseguidas las prácticas religiosas de los no musulmanes.
5. Religión, cultura y arte en Al-Ándalus.
{9 (37)} La religión islámica impregnó todas las manifestaciones de la vida: la política, la sociedad, la cultura y el arte andalusí. El credo mayoritario entre los musulmanes fue el suní. Entre los habitantes de Al-Ándalus convivieron tres religiones: islam, cristianismo y judaísmo (las dos últimas respetadas por ser «religiones del libro» o de la Biblia). La convivencia fue tensa, y a etapas de enfrentamiento se suce- dieron otras de sosiego. Mejoró durante las taifas, pero se crispó cuando se produ- jeron las invasiones de almorávides y almohades. A partir del siglo XII aumentó el número de mozárabes que marcharon hacia los reinos cristianos.
(Destaqla Civeled de Cordoba) Al-Ándalus alcanzó altas cotas de desarrollo cultural respecto a Europa occiden- tal y al mundo islámico. Asimiló el mundo clásico, a través de Bizancio, e incor- poró conocimientos científicos y técnicos de países muy distantes, como China, Persia o India. Potenció la conservación y transmisión del saber medieval. El mo- mento de mayor esplendor coincidió con los califas Abd al-Rahmán III y Al- Hakam II, y se mantuvo en algunos reinos de taifas hasta el siglo xii. Florecieron la filosofía (Averroes y Maimonides), la poesía, la literatura (Ibn Hazmm, autor de El collar de la paloma), la historia (Ahmad al-Razi), la música, el derecho o la me- dicina. Fue también muy importante el desarrollo científico y técnico: los musul- manes transmitieron los principios matemáticos de trigonometría y álgebra, además del uso del cero. Aportaron avances en astronomía y difundieron artículos proce- dentes de Oriente, como la pólvora, el papel, la brújula, etc.
El arte constituye uno de los legados más importantes, ya que adquirió un carác- ter singular dentro del mundo musulmán. Pretendió reflejar el poder político y religioso en sus mezquitas, palacios y alcazabas. Son edificios con exterior austero y profusión de elementos decorativos en el interior.
Etapas del arte islámico en Al-Ándalus:
a) Califal o cordobés: Mezquita de Córdoba b) Reinos de taifas e imperios norteafricanos: Aljafería de Zaragoza, alcazaba de Málaga, Torre del Oro y Giralda de Sevilla c) Granadino: Alhambra de Granada 10 (38)
{10 (38)}
6. Evolución política de los reinos cristianos y proceso de reconquista hasta el siglo XIII.
La conquista musulmana significó la desaparición del reino visigodo, pero la ocupación no alcanzó todo el territorio peninsular. En las montañas cantábri- cas, como ya había sucedido con romanos y visigodos, se formaron núcleos de resistencia.
Por otro lado, merced al impulso de los carolingios, los Pirineos se convirtie- ron en otro importante núcleo de resistencia cristiano. Con el paso del tiem- po, y una vez fortalecidos, los reinos cristianos establecidos en esas montañas iniciaron la denominada Reconquista.
El término Reconquista, que alude al proceso de expansión territorial de los rei- nos cristianos, es un concepto discutible, ya que a pesar del esfuerzo de los reyes cristianos por proclamarse herederos de los visigodos, lo cierto es que no preten- dían restaurar la situación anterior a 711. Su actuación constituyó una auténti- ca conquista, más que una reconquista como tal. No obstante, el término Reconquista tiene amplia aceptación y reconocimiento entre los historiadores.
Para el proceso comienza en el siglo VIII, mientras que otros lo retrasan al siglo xi. Tuvo dirección norte-sur y su progreso no fue lineal; existieron periodos de retroceso que coincidieron con las invasiones norteafricanas. Su fecha final es la conquista de Granada, en 1492.
unos {6.1. Los primeros núcleos de resistencia (siglos VIII-IX) {t}} 6.1.1. Los núcleos de las montañas cantábricas {s} El reino astur-leonés.
Tras la derrota, algunos nobles visigodos buscaron refugio en las montañas del norte. En coalición con las astures, un noble godo llamado Pelayo derrotó a los musulmanes en la batalla de Covadonga (722). Pelayo y sus sucesores adop- taron el título de reyes, establecieron la capital del reino de Asturias en Can- gas de Onís y comenzaron a extender sus dominios lentamente.
Alfonso I (739-757) amplió sus posesiones hacia Galicia, en el oeste, y el País Vasco, en el este.
Con Alfonso II (791-841) el reino alcanzó su estructura definitiva. Trasladó la corte a Oviedo y adoptó el Fuero Juzgo visigodo, consolidó la frontera y, en el ámbito religioso, independizó la Iglesia de Asturias de la mozárabe de Tole- do. Durante su reinado aparecieron los restos atribuidos al apóstol Santiago.
Alfonso III el Magno (866-910) consolidó el reino y extendió sus fronteras hasta la línea del Duero. Aumentó la población del territorio con la incorpo- ración de los habitantes de los márgenes del Duero y con la llegada de mozá- rabes de Al-Ándalus.
En el año 914 la capital se trasladó a León y el reino se convirtió primero en as- turleonés y, posteriormente, en reino de León. A pesar de la importante victoria de Simancas (939) contra al califato, la frontera se mantuvo en el Duero. En la se- gunda mitad del siglo, Almanzor infligió un duro castigo a los reinos cristianos.
{11 (39)} El condado de Castilla.
A inicios del siglo x, en la zona oriental del reino de León, en un territorio ha- bitado por cántabros y vascones, existían varios condados que actuaban como puntos defensivos frente a los musulmanes. En la segunda mitad de ese siglo fueron unificados por el conde Fernán González, que lo denominó Castilla (del término árabe Al-Quila, «tierra de castillos») y comenzó a actuar con autonomía de León.
6.1.2. Los núcleos pirenaicos.
En la zona pirenaica, los primeros centros de resistencia cristianos no se for- maron hasta los siglos IX-X. Se enfrentaron a la presión musulmana dirigida desde el sur y a la carolingia desde el norte. Surgieron desde el oeste hacia el este, por iniciativa de los nobles locales y bajo tutela carolingia.
El reino de Pamplona/Navarra.
Surgido en el oeste de los Pirineos, en los siglos VIII-IX acogió guarniciones francas o musulmanas. En el primer cuarto del siglo ix, la familia Arista expul- sé a los francos. Más adelante, la familia Jimena ocupó las tierras del alto Ebro y se anexionó Aragón por matrimonio.
El núcleo de Aragón.
En el Pirineo central aparecieron los condados de Aragón, Sobrarbe y Riba- gorza. Inicialmente estuvieron controlados por los carolingios, que pusieron a su frente a caudillos locales. En el siglo x el condado de Aragón, con centro en Jaca, se vinculó a Navarra.
Los condados catalanes.
En el Pirineo oriental los.carolingios controlaron unos condados para que ac- tuaran como defensa de la frontera sur de su imperio; se conocieron como Mar- ca Hispánica. Wifredo el Velloso (873-898), nombrado conde de Barcelona y Gerona por los-carolingios, consiguió-unificar varios condados y expandirse hacia el sur. En el año 988, Borrell II aprovechó la desintegración carolingia y consiguió la independencia definitiva.
{12 (40)}
6.2. La consolidación de los reinos cristianos (siglos X-XI).
6.2.1. El reino de Navarra en tiempos de Sancho III el Mayor.
Bufante el reinado de Sancho III el Mayor (1004-1035), el reino de Navarra experimentó un fuerte desarrollo: controló Aragón, contrajo matrimonio con la heredera del conde de Castilla y ocupó parte de León y los condados de So- brarbe y Ribagorza. Navarra se convirtió en el más poderoso de los reinos cris- tianos. A su muerte, Sancho repartió estos territorios entre sus hijos:
Entré 1076 y 1134 Navarra permaneció unido a Aragón. Recuperada su integri- dad, buscó el apoyo de los monarcas franceses para asegurar su independencia.
6.2.2. El nacimiento del reino de Castilla y León.
Gracias a la herencia de su padre, Fernando I fue el primer rey de Castilla.
En 1037, en la batalla de Tamarón, derrotó a su cuñado, Bermudo III de León, y se proclamó rey de Castilla y León.
La unión fue breve, ya que a su muerte, en 1065, repartió el territorio entre sus hijos: Castilla para Sancho II, León para Alfonso VI, Galicia para García, Zamora para Urraca y Toro Elvira.
Sancho II de Castilla y Alfonso VI de León se aliaron para conquistar Gali- cia. Pronto surgieron desavenencias y estalló la guerra entre ambos; Sancho falleció en el sitio de Zamora (1072) y Alfonso-unió por segunda vez los-te- rritorios de Castilla y León.
Desde su acceso al trono, Alfonso VI (1072-1109) buscó la ampliación de sus territorios. Arrebató La Rioja a Navarra, tomó los territorios vascos y conquistó la taifa de Toledo en 1085, que suponía extender las fronteras desde el Sistema Central hasta el Tajo. Sin embargo, el noble castellano Rodrigo Díaz de Vivar (Cid Campeador), al que desterró por haber apoyado a su hermano Sancho, con- quistó la taifa de Valencia, que después de su muerte fue cedida por su mujer a Alfonso VI.
La invasión de los almorávides freno momentáneamente el avance castella- noleonés, pero la desintegración de su imperio permitió al rey Alfonso VII, nieto de Alfonso VI, avanzar hasta Sierra Morena y Almería.
{13 (41)} Durante su reinado se produjo la separación de Portugal, que se convirtió en reino independiente con Alfonso I (1139). A su muerte, los reinos de Casti- lla y León quedaron nuevamente separados (1157). En estos años Castilla y León firmó varios acuerdos con Cataluña-Aragón (Tudillén, 1151, y Cazorla, 1179) para delimitar las zonas de expansión.
6.2.3. La unión de Aragón y Cataluña.
ΕΙ rey aragonés Ramiro I, hijo de Sancho de Navarra, se anexionó los conda- dos de Sobrarbe y Ribagorza, que su padre había legado a su hermano Gonza- lo. Tiempo después, Sancho I llegó al valle del Ebro y Pedro I se apoderó de Huesca y de Barbastro. En el siglo xi Aragón prosiguió su expansión: entre 1076 y 1134 Navarra se incorporó a Aragón.
A comienzos del siglo Xil controlaba el valle alto y medio del Ebro. El rey Alfonso I el Batallador (1104-1134) aprovechó los enfrentamientos entre...
Castilla y León y los almorávides y conquistó Zaragoza (1118), Tudela (1119), Calatayud y Daroca (1121) con la ayuda de nobles del sur de Francia. Murió sin descendencia y se produjo la separación de Navarra.
Para ocupar el trono de Aragón se designó al hermano del rey,Ramiro II, que se vio obligado a abandonar la vida religiosa y casarse. Antes de regresar a la vida monacal dejó a su hija Petronila, aún una niña, prometida con el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV. Esta unión daría lugar a la Corona de Aragón, que incluía el reino de Aragón y el condado de Cataluña.
6.3. La hegemonía cristiana en la Península (siglo xill).
La invasión almohade frenó el avance cristiano. El rey de Castilla, Alfonso VIII, derrotado en Alarcos en 1195, solicitó el concurso de otros reinos cristianos.
Una gran coalición sumó a las mayoritarias tropas castellanas las de Pedro II de Aragón y de Sancho VII de Navarra, y otros voluntarios apoyados por el papado. En 1212 derrotaron al ejército almohade de Muhammad an-Nasir, en la batalla de las Navas de Tolosa.
{14 (42)} La victoria abrió a Castilla las puertas al valle del Guadalquivir y el Medite- rráneo. Fernando III de Castilla aseguró el alto Guadiana y Alfonso IX la re- gión extremeña.
FERNANDO III EL SANTO, 1201-1252 Hijo del rey Alfonso IX de León y de Berenguela de Castilla, en 1230 unificó definitivamente am- bos reinos. Tras lograr la unión de sus reinos, se dedicó de manera sistemática a la conquista del valle del Guadalquivir (Jaén, Córdoba, Sevilla...).
Fortaleció la Administración y la economía de sus reinos. Repartió las tierras conquistadas entre los nobles, la iglesia y las órdenes militares. Además, impulsó el idioma castellano, promovió la cultu- ra y la construcción de catedrales como las de Burgos y Toledo.
En 1230 se produjo la unión definitiva de Castilla y León bajo la corona de Fer- nando III. Él y. su hijo, Alfonso X, dirigieron la conquista en tres direcciones:
• Hacia Extremadura, hasta la desembocadura del Guadiana.
• Hacia el centro, por el Guadalquivir hasta su desembocadura (Córdoba, 1236; Jaén, 1246; Sevilla 1248; Cádiz, 1265; y Tarifa, 1292).
• Hacia Murcia, que frenó el avance aragonés (tratado de Almizra, 1244).
Portugal duplicó su extensión con la conquista del territorio al sur del Tajo hasta el Algarve.
Navarra, aislada entre Castilla y Aragón, no consiguió ampliar su territorio en esta fase de la Reconquista, mientras que la Corona aragonesa, de la mano del rey Jaime I, conquistó las Baleares entre 1129 y 1235 (Menorca fue incorpo- rada en el 1287) y Valencia en el 1238. A finales del siglo XIII, solo el reino nazarí de Granada seguía bajo control musulmán.
Reconquista: proceso histórico re- ferido a la lucha entre cristianos y musulmanes por el dominio de la peninsula ibérica y que abarca des- de la batalla de Covadonga, en el 722, hasta la conquista de Granada en el 1492. Es también un concep- to con matices ideológicos, ya que se interpreta como una cruzada cris- tiana cuyo fin era recuperar el anti- guo reino visigodo.
Don Pelayo, de Luis Madrazo y Kuntz, Colegiata de Covadonga, Asturias.
Covadonga: en el año 722 las tro- pas musulmanas fueron derrotadas en Asturias por el noble visigodo Pe- layo y sus aliados astures. Más allá de la mitificación de la batalla, en realidad una escaramuza, lo trascen- dente es que fue la primera victoria cristiana que supuso la paralización del avance musulmán y permitió la consolidación de un núcleo de resis- tencia que daría lugar al reino astur.
La Corona de Aragón.
Petronila, reina de Aragón, y su espo- so, Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona. Su hijo, Alfonso II, fue rey de Aragón y conde de Barcelona. La Corona de Aragón es el nombre que designa la unión del reino de Aragón y el condado de Barcelona.
{15 (43)}
7. El proceso de repoblación.
Tras la reconquista de un territorio era necesario repoblarlo para asegurar manera definitiva el dominio cristiano. A pesar de su paralelismo, los proce- sos de reconquista y de repoblación son diferentes: el primero tenía un carác- ter eminentemente militar; el segundo era una empresa de dominación del territorio. Se dieron diversas modalidades de repoblación:
• Oficial: dirigida directamente por los monarcas, como en el caso de la cuen- ca norte del Duero y del Llobregat.
• Señorial: podía ser monacal, eclesiástica o laica y dio lugar a la formación de grandes dominios señoriales; se llevó a cabo a lo largo de toda la Recon- quista.
Privada: protagonizada por hombres libres que, pese a los peligros, se sen- tían atraídos por las ventajas jurídicas y económicas de los territorios de frontera; su ocupación y cultivo por pequeños campesinos de manera espon- tánea fue denominada presura, en Cataluña aprisio. Esta fórmula de ocu- pación fue muy común en el siglo ix en las estribaciones de las cordilleras cantábrica y pirenaica.
(corsejo/agrupac.an de señores , Concejil: dirigida por los concejos al amparo de sus fueros y de un extenso alfoz; fue muy frecuente en los siglos XI y XII, con ejemplos significativos como Sepúlveda, Salamanca o Soria.
• De Órdenes militares: estas acudieron en auxilio de los monarcas para re- poblar amplios territorios del sur peninsular, especialmente en las cuencas del Tajo y el Guadiana, así como la extremadura aragonesa. En los siglos XII y xiii, las órdenes de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa recibieron enormes latifundios.
• Repartimiento: muy utilizado por los monarcas en el siglo xiii en las zonas con importante población musulmana como Levante, Murcia y el valle del Guadalquivir. Los reyes distribuían las tierras conquistadas según la condi- sión social y los méritos de los conquistadores.
Fuero o Carta Puebla: forma de vertebrar jurídicamente el territorio y regular las relaciones jurídicas de un concejo. Para impulsar la repobla- ción, los monarcas concedían privile- gios, exenciones tributarias y penales a los concejos para facilitar el estable- cimiento de nuevos pobladores.
Alfoz: territorio jurisdiccionalmente dependiente del concejo o municipio del que forma parte y al que normal- mente circunda.
{16 (44)}
8. Del estancamiento a la expansión económica.
La agricultura y la ganadería fueron las actividades económicas predominan- tes en el marco de la Reconquista. Predominó la autosuficiencia en las comu- nidades campesinas, ya que los intercambios comerciales fueron muy escasos y el empleo del dinero casi inexistente.
8.1. La agricultura y la ganadería.
No obstante, como en el resto de Europa, a partir del siglo XI se inició un cierto renacimiento económico y los reinos hispanocristianos se abrieron a nuevas corrientes comerciales. Especial repercusión tuvo la ruta jacobea, que se convirtió en un itinerario comercial de primer orden, a lo largo del cual pro- liferaron pujantes núcleos urbanos. Los siglos XI-XIII se caracterizaron por una expansión económica impulsada por la incorporación de territorios muy fértiles arrebatados a los musulmanes en los valles del Tajo, Ebro y Guadalquivir y las huertas de Valencia y Murcia.
• Los bajos niveles de productividad agraria y el empleo de técnicas muy primi- tivas mejoraron a partir del siglo XI y se empezaron a roturar nuevas tierras.
• La ganadería alcanzó gran importancia en esta época porque la movilidad de los animales permitía que escaparan de las razias musulmanas. Además, la introducción desde el norte de África de la oveja merina animó el creci- miento de grandes rebaños trashumantes. Los pastores constituyeron aso- ciaciones, mestas. En Castilla, Alfonso X reunió a todas bajo su protección y dio lugar a la formación del Honrado Concejo de la Mesta.
Honrado Concejo de la Mesta: en 1273 Alfonso X creó esta institución para favorecer la ganadería ovina.
Entre los privilegios reales destaca- ron los siguientes: una jurisdicción y fiscalidad propia, el derecho de po- sesión de los pastos ocupados o el derecho de paso por cañadas. Esta institución estuvo dominada por los grandes propietarios y constituyó un pilar básico de la economía castella- na medieval.
{17 (45)}
9. El régimen señorial y la sociedad estamental.
La inseguridad que soportaron los habitantes de Europa a comienzos de la Edad Media dio lugar a un conjunto de relaciones personales que cristalizó en lo que conocemos como feudalismo: forma de organización de la sociedad impuesta por los más poderosos para regular las relaciones con sus vasallos y también para establecer vínculos de dependencia entre la nobleza, desde el rey hasta el último caballero.
El feudalismo originó un tipo de sociedad, la sociedad estamental, caracteri- zada por su jerarquización y la acumulación o carencia de privilegios. La socie- dad medieval quedó dividida en tres estamentos:
• Los que luchaban, los nobles. .
• Los que rezaban, los clérigos.
• Los que trabajaban, los campesinos (tercer estado). Fueron denominados pecheros porque debían pagar pechos o tributos.
Los dos primeros estamentos monopolizaron el poder y disponían de privile- gios: no solo no pagaban impuestos, sino que se los cobraban a los campesinos.
Al igual que en el resto de Europa, las sociedades hispanocristianas estuvieron dividas en estamentos, fuertemente jerarquizadas y asentadas en el principio de desigualdad de sus miembros: privilegiados y no privilegiados.
Era una sociedad agraria, en la que la mayoría vivía en pequeños núcleos ru- rales. Además, había una gran diversidad étnica y religiosa, ya que existían im- portantes minorías musulmanas, mudéjares y judías.
Como consecuencia de las relaciones de dependencia personal surgió el régi- men señorial, por el que los habitantes de un determinado territorio quedaban ligados a su propietario, a su señor. Existieron diversos tipos:
Tipos de señoríos:
a) De realengo: pertenecientes al monarca.
b) Eclesiásticos.
c) Señoriales:
c.1. Solariegos: los señores cobraban rentas a sus habitantes por el uso de la tierra.
c.2. Jurisdiccionales: las prerrogativas de los señores incluían el cobro de impuestos, la administración de justicia o la llamada a filas. En ocasiones, la nobleza suplantaba o interfería en las relaciones entre monarcas y súbditos.
{18 (46)}
10. El nacimiento de las Cortes.
La curia o consejo del rey se transformó en las Cortes desde el momento en que a tos estamentos nobiftarios y eclesiástico se incorporaron los representan- tes del estamento popular. Esta circunstancia ocurrió por primera vez en el rei- no de León en t188, antes incluso que en otros lugares de Europa, en Castilla probablemente a inicios del siglo XIII, en Cataluña en 1218, en Aragón en 1247, en Valencia en 1283 y en Navarra a inicios del siglo xiv.
En función de su estructura, existieron dos tipos:
a) Cortes de tipo castellano:
León y Castilla fusionaron sus asambleas en la segunda mitad del siglo xiv.
Estaban constituidas por los tres estamentos y se perfilaron como un diálogo entre el rey y la curia, por una parte, y los representantes de ciudades y villas por otra.
b) Cortes de tipo aragonés:
Las Cortes de Aragón, las Cortes de Cataluña y las Cortes de Valencia se mantuvieron independientes entre si.
Se caracterizaron por el fortalecimiento de cada brazo o estamento.
Diferentes competencias entre castellano y aragonés:
En castellano: Conservaron el carácter deliberativo de la antigua curia.
Su atribución fundamental fue de carácter fiscal.
En aragonés: Se abrían con la resolución de los agravios (greuges) presentados por cada estamento contra el rey. Debían resolverse antes de pasar a otros puntos, con lo que el monarca tenía que plegarse a las demandas de sus súbditos, cuyos estamentos poseían potestad legislativa.
Así se gestó el carácter pactista de las Cortes de la Corona de Aragón.
{19 (47)}
11. El Camino de Santiago.
El hallazgo de los restos atribuidos al apóstol Santiago en el año 812, durante el reinado de Alfonso II de Asturias, supuso un acontecimiento extraordina- rio. El rey ordenó la construcción de una pequeña iglesia sobre la tumba del apóstol y en sus alrededores surgió Santiago de Compostela (Campus Stellae, o «campo de la estrella»).
El Camino de Santiago se convirtió en la tercera vía de peregrinación más importante, después de Jerusalén y Roma. Entre los siglos xi y xiii los peregri- nos procedentes de Europa frecuentaban cuatro caminos que confluían en Puente la Reina (Navarra) y tomaban dirección a Finisterra, mientras que otros venían desde el sur de la Península.
El Camino de Santiago facilitó la entrada de nuevas ideas culturales у reli- giosas. Se convirtió en la puerta de acceso de la reforma de Cluny y de la or- den del Císter, así como de estilos artísticos como el románico.
En torno a él surgieron diversas ciudades (Burgos, León, Logroño, Ponferrada, etc.) gracias a los fueros concedidos por los monarcas navarros y castellanos, que atrajeron numerosas poblaciones. La culminación de ese proceso aper- tura a Europa se produjo en Castilla y León en el año 1080, fecha la que se celebró un concilio en la ciudad de Burgos por el que se implantó en el reino el rito romano en sustitución del mozárabe, vigente hasta entonces.
De acuerdo con la tradición cristiana, el apóstol Santiago había predicado las enseñanzas de Jesucristo en la península ibérica. A su regreso a Palestina, San- tiago fue decapitado por el rey de Judea. Sus discípulos trasladaron su cuerpo para enterrarlo en algún lugar de Galicia. En los siglos siguientes se perdió su pista, hasta que en el 812 un ermitaño llamado Pelayo observó durante varias noches una lluvia de estrellas sobre una colina. El apóstol se le apareció para revelarle el lugar donde estaba sepultado. El hallazgo se convirtió en un acon- tecimiento extraordinario para la Europa de su tiempo.
{20 (48)}
12. Una cultura plural: cristianos, musulmanes y judíos.
La cultura española de los siglos medievales se caracterizó por su gran origina- lidad y riqueza.
12.1. La cultura cristiana.
La cultura de la España cristiana fue esencialmente monástica, ya que los cen- tros culturales más activos fueron los monasterios y las escuelas catedralicias.
Más adelante se incorporaron las universidades, como ya había sucedido en otros lugares de Europa occidental. La primera se estableció en Palencia a ini- cios del siglo XIII, seguida de la de Salamanca.
La cultura de los reinos cristianos experimentó un fuerte avance gracias a la apertura a Europa que supuso el Camino de Santiago. El latín actuó como ve- hículo de comunicación y los scriptorium de los monasterios como centros de difusión de obras antiguas hacia Europa. Al mismo tiempo, se desarrollaron las lenguas romances o vulgares, derivadas del latín, como el castellano, el cata- lán, el gallego o el portugués. Hasta el siglo xiii no se desarrolló una literatu- ra propia en estas lenguas.
Una de las decisiones que más influyó en el desarrollo cultural de los reinos cristianos fue el establecimiento de la Escuela de Traductores de Toledo, a mediados del siglo XII. A ella acudieron los sabios más importantes de la épo- ca y allí, intelectuales cristianos, musulmanes y judíos tradujeron al latín nu- merosas obras griegas, árabes y orientales de carácter filosófico, científico o literario. Los textos árabes que recogían conocimientos de la Antigüedad clá- sica (Aristóteles, Ptolomeo, Galeno...) o aportaciones musulmanas o judías (Avicena, Maimonides, Averroes...) se tradujeron al latín y se difundieron por Europa gracias al Camino de Santiago.
La etapa de mayor apogeo coincidió con el reinado de Alfonso X el Sabio, momento en que las traducciones comenzaron a realizarse directamente en castellano.
Otro foco de convivencia de intelectuales de las tres religiones se situó en la localidad aragonesa de Tarazona. En la Corona de Aragón destacó la figura de Ramón Llull, escritor en varias lenguas.
12.2. La cultura musulmana y judía.
Al-Ándalus fue otro considerable foco cultural. Entre los siglos XI y XIII se pro- dujo un notable desarrollo cultural en los ámbitos literario, científico y filosó- fico. Se realizaron sorprendentes avances en astronomía y se perfeccionaron instrumentos de navegación, como el astrolabio. En filosofía destacó la figura de Averroes, transmisor del pensamiento de Aristóteles.
Los judíos intentaron mantener su propia personalidad y contribuyeron a di- fundir los inventos técnicos y la ciencia musulmana. Su cultura alcanzó la ma- durez durante la época de los reinos de taifas. Entre los judíos sobresalió Maimonides, médico, rabino y teólogo cuya obra filosófica refleja fuerte in- fluencia aristotélica.
{21 (49)}
12.3. Las manifestaciones artísticas.
El arte de los reinos cristianos medievales fue esencialmente religioso. Sus manifestaciones artísticas prolongaron las tradiciones visigóticas y romanas.
12.3.1. EL ARTE PRERROMÁNICO ASTURIANO.
Se desarrolló en los territorios asturianos entre los si- glos ix y x. Fusiona elementos de la arquitectura ro- mana y del arte mozárabe y se perciben influencias bizantinas y visigóticas. Características:
• Muros de mampostería y sillares de piedra.
• Planta basilical de tres naves con crucero.
• Arco de medio punto peraltado y bóveda de cañón.
Edificios de cierta altura gracias al empleo de con- trafuertes y de arcos fajones.
anta Maria del Naranco, Oviedo.
San Salvador de Valdediós, Villaviciosa.
12.3.2. EL ARTE MOZÁRABE.
Hoy en día se utiliza la denominación de arte del si- glo xo de repoblación. Se caracterizó por el em- pleo de una gran variedad de materiales y la utilización de arcos de herradura de tipo califal.
Entre los principales edificios conservados pueden mencionarse San Baudelio de Berlanga (Soria), San Miguel de la Escalada (León) y San Cebrián de Ma- zote (Valladolid).
San Baudelio de Berlanga, Soria.
San Miguel de la Escalada, León, 12.3..3. EL ARTE ROMÁNICO {s} Entre los siglos XI y XII en los reinos cristianos se desarrolló el arte románico, el estilo más representativo del mundo feudal. En su origen, a finales del siglo x, se construyeron pequeñas iglesias y monasterios aislados. A medida que se desarrolló la vida en las ciudades, se construyeron grandes catedrales.
Rasgos característicos:
• Plantas de cruz latina, con tres naves y ábsides en la cabecera.
• Muros levantados con sillares de piedra, muy gruesos, para sujetar el peso de la bóveda, que se refuerzan con contrafuertes exteriores.
• Edificios cubiertos con bóvedas de cañón, que se refuerzan con arcos fajones.
• Arcos de medio punto y puertas decoradas con arquivoltas.
• Ventanas pequeñas para no debilitar los muros.
• Las pinturas al fresco decoran el interior de los muros; sobre tabla se sitúan encima de los altares.
Emplea colores fuertes y vistosos. Las figuras son esquemáticas y rígidas.
• La escultura se realiza en piedra o madera y se representan Jesucristo, la Virgen y los santos.
Destacan la iglesia de San Clemente de Tahull, la catedral de Jaca (Huesca), la iglesia de San Martin de Frómista (Palencia), el monasterio de Santa Ma- ría de Ripoll (Gerona) y la catedral de Santiago de Compostela (La Coruña).
Interior del ábside de San Clemente Puerta de la Colegiata de Toro, Zamora.
de Tahull, Lérida.
12.3.4. EL ARTE GOTICO.
Comenzó a desarrollarse a partir del siglo xin. En con- traste con el románico, buscó una mayor verticali- dad y luminosidad. Es el arte de las ciudades; se construyen iglesias o monasterios, pero también pa- lacios, lonjas, atarazanas...
Rasgos característicos:
• Arco apuntado para acentuar la sensación de es- beltez.
• Bóveda de crucería: intersección de dos bove- das de cañón apuntadas que se refuerzan con ner- vios.
La importancia de la luz obliga a abrir vanos am- plios y decorarlos con vidrieras.
• Las iglesias mantienen la planta de cruz latina con tres o cinco naves. Sobre el crucero se cons- truyen cimborrios.
• La pintura y la escultura mantienen los temas y los colores vistosos del románico, pero las figuras son más realistas y expresan emociones.
• Pintura sobre tabla y grandes retablos.
Destacan las catedrales de Burgos, León o Toledo.
12.3.5. EL ARTE MUDÉJAR.
Se trata de un estilo artistico hispano-mu- sulmán que comenzó a desarrollarse des- de el siglo xii. Se adaptó al románico y al gótico, pero el material de construcción fue el ladrillo y se introdujeron elementos ornamentales musulmanes.
Destacan San Tirso de Sahagún o San An- drés de Cuéllar, San Andrés, en Calatayud, San Martín, en Teruel, y Nuestra Señora de la Asunción, en Utebo.