Publicación mensual del Oratorio.
Núm. 138. FEBRERO. Año 1976.
0. SUMARIO
HACER más consciente la vida de fe, cultivando esta fe, que es mirada, compañía, conocimiento y vida L en el Señor. No es que las obras nos lleven a la fe; sino la vida de fe que nos llevará, sin darnos cuenta casi, al obrar como hijos de Dios. Pero la fe ha de ser cultivada; Dios ha de ser tratado, conocido, vivido. La fe no es un título, sino una gracia y una experiencia.
EL BAUTISMO COMO LO QUE ES
ENTRE EL SUEÑO Y LA PRISA
DESDE MÁS ALTO
MONTALE Y MARAGALL
CANTO SPIRITUALE
DIOS, PARA INTELECTUALES
HOMILÍAS MULTADAS
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1. EL BAUTISMO COMO LO QUE ES
Habrá que insistir una y mil veces que, para ser cristianos, hay que superar cualquier herencia sociológica y esforzarse por establecer y mantener un contacto personal con Dios. El Bautismo es una inserción en la vida de Dios, que no puede limitarse al reconocimiento de vinculación automática, por obra de la Gracia que santifica, con la divinidad. La Gracia es para el hombre, y el hombre es un ser personal, y debe responder a Dios "personalmente", y no solamente con algunos actos, sino con la entera vida de su ser, en fuerzas, inteligencia y libertad.
Con las fuerzas, no sólo porque con ellas nos movemos y actuamos, sino dirigiéndolas a una finalidad que la inteligencia nos muestra conducente a Dios. Y libertad, que no es antojo ni capricho ni anarquía indomesticada del deseo, ni transferencia de complejos a la zona de la rebeldía, sino opción por lo bueno según Dios, por generosidad, con alegría de converger con Dios, desde la humildad y pequeñez de cada uno pero perseverando en la esperanza de un bien —el Reino de Dios— que se va haciendo universal.
Si el Bautismo no se toma como lo que es, es decir, como algo que debe transformar la vida entera de cada cristiano para que apunte a esta vocación, no vale de mucho llamarse "cristiano". No pasa de añadido cultural o de sentimiento, o de ideología, o de doctrina, o de moral. Pero no es vida. Y Cristo dijo, precisamente: «YO HE VENIDO PARA QUE, LOS QUE CREAN EN MÍ, TENGAN VIDA REBOSANTE».
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2. Entre el sueño y la prisa
PARECEN antitéticos el sueño y la prisa. Pero si nos fijamos en el tipo de hombre que tenemos cerca y sobre el que las fuerzas sociales ejercen mayor influjo, podríamos resumir el efecto de su presión en estos dos sentidos que, paradójicamente, se complementan y hasta, en ocasiones, coinciden.
Soñar: cerrar los sentidos y la capacidad racional de juicio sobre la realidad, o abrir paréntesis fantasmagóricos que nos distraigan, alejen o entretengan mentalmente, como espita por donde escape la ilusión —por lo menos— de vivir, hasta sugestionarnos de que "vivimos".
Correr: no profundizar nada, no detenerse en la verdad inevitable. O por lo menos, aplazar siempre su urgencia. Dejarlo atrás prometiendo volver a lo importante, pero no volver nunca. Y correr más y, finalmente, olvidarse, hasta que coincida la prisa con el sueño y el vivir sea un "correr dormidos" o —que es lo mismo— enajenados.
¿Y el hombre: dónde está?
El hombre ha cedido porque no ha sabido, o no ha podido, o —gratificado su instinto— no ha querido pensar, juzgar y elegir. Cuando a la renuncia se le han ofrecido "apariencias" lo suficientemente ambiguas para utilizarlas como coartada, se ha vendido incluso a la evidente iniquidad. Compuesta la apariencia, tranquilizada la conciencia.
Si, además, el hombre vacilante, desprovisto de datos para resolver los problemas que le envuelven, mira a su alrededor y observa actitudes parecidas {3 (23)} a la suya, la facilidad mimética le enrola en el flujo masivo que le arrastra y ya, despersonalizado, no piensa más. O "piensa" la materia consumible que se le suministra, para que siga creyéndose "pensador" de algo, sin que se le conceda pensar realmente nada.
į Es el problema del "hombre-masa" en nuestra sociedad llamada de consumo. Concepto de "consumo" que restringimos con demasiada facilidad a la dimensión física, biológica y comercial, pero que es preciso que nos demos cuenta que también alcanza —y es donde se hace más temible— el campo de las ideas, de la libertad, de la capacidad de entender y juzgar. Es decir, la misma racionalidad humana.
1 El peligro no está en que los pocos que disponen de la acumulación de medios para hacer publicidad de sus productos, o monopolizan los de la propaganda de sus ideas, comuniquen a los demás hombres —en mayoría numérica, pero desprovista de poder— la oferta de sus productos o, los ideólogos, sus propósitos de organizar el mundo. El mal está en que se olviden de que, esta mayoría inerme, es depositaria, en cada uno de sus miembros, de la misma radical dignidad que ellos que la dominan y, con frecuencia, la manipulan. Cuando los demás nos interesan sólo porque en cada uno de ellos hay un posible comprador o un sufragista, y el que influye actúa de modo que otra opción sea imposible, se ha cometido un abuso contra la dignidad del hombre.
Pero en la sociedad "de consumo" de productos y de ideas, lo peor, todavía, no es esto. Lo peor no es engañar al hombre, ni tratarle como si fuera imbécil: lo peor es imbecilizarle; es incapacitarle para pue no pueda ni sepa elegir; es hacerlo a él mismo "mentira de hombre" descentrando su atención o alejándola de la tierra firme de la objetividad. Porque, cuando se generalizan, a ello llegan las omnímodas presiones colectivas dirigidas técnicamente a la estimulación de aquellos resortes primarios —miedo, codicia, placer, venganza, orgullo...— que es siempre posible rastrear en el subconsciente de todo ser humano, pero que no es lícito alcanzar o descubrir sin ayudar, al mismo hombre, a que los domine y ordene, de modo que su dignidad no sufra menoscabo.
Cuando esto no se hace —muchas veces incluso se impide— la "respuesta" a la estimulación no supera lo irracional, cualquiera que sea el valor ficticio que la propaganda o la publicidad pretendiera atribuir o extraer, o la pompa de los nombres con que se enmascare la utilización —excitativa o inhibitoria— del fondo primario y pasional humano manipulado.
El hombre espiritual y racionalmente "dormido" o el activo, pero superficial, disperso y novelero, queda deshumanizado, porque llega a "necesitar" lo mismo que le desnaturaliza. Cualquier esfuerzo cristianizador debe comenzar, desde luego, por devolver la conciencia al recto uso racional y libre de las capacidades verdaderamente humanas, sin lo cual, la invocación o atribución de la fe, no pasaría de decoración cultural, sin relación ninguna con la transformación y elevación sobrenatural que su autenticidad exige.
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3. Desde más alto
NO HABRÍA ninguna duda para lamente ninguna angustia para el corazón, ningún dolor para los sentidos, si el hombre fuese, ya, un ser terminado, completo; si una Bola individualidad humana hubiese sido capaz de haber alcanzado la plenitud de todos sus desarrollos, previstos por la Sabiduría, la Fuerza, el Amor —es lo mismo: por Dios—, cuando le dio la existencia.
Si al hombre le asalta la duda, es que todavía busca, si pasa por el drama de sus sentimientos es que todavía espera, y si siente el dolor de sus limitaciones —físicas o morales— es que todavía crece. El hombre es una incompletez en movimiento, es un dinamismo inteligente que indaga, espera, se desarrolla. No se puede medir por una sola unidad, ni por la suma de todas ellas tomadas, transversalmente, en un solo momento. Hay que subir más alto y, desde la atalaya de una síntesis prodigiosa que recoja el pasado, otee el porvenir, y considere el presente, mire y valore un momento, O se pare en una individualidad, pero relacionándolos con la perspectiva esbozada de una totalidad inmensa, del proyecto humano total, que se inicia en la creación y acaba en el destino glorioso —de uno y de todos—. Si fuésemos capaces de meditar en el hombre desde esta actitud, habría habido menos iconoclastas, menos perseguidores de herejes, menos vengativos de su propia ignorancia.
No todo es verdad, por supuesto; pero hemos corrido mucho en llamar "mentira" a aquello que simplemente éramos incapaces o perezosos para analizar. Y esa misma inhibición, en ocasiones, ha despertado la reacción simétrica de convertir en perversión la bondad original, en un principio inocente, pero enseguida abandonada y pasando, de la soledad del abandono y la desesperanza, a lo negativo del resentimiento, imitando el mismo estilo del primero que la despreció.
Primero una afirmación, después defensa de esta afirmación, luego sólo autodefensa, como lámpara que se preocupa de su cristal y se olvida —y se le apaga— la llama que debería ser razón y substancia de su ser. Hemos tenido cerca "católicos" que han hecho de este nombre una coraza para combatir o escarnecer principios auténticamente evangélicos; hemos visto "católicos" a quienes de Dios, solamente les interesaba lo que coincidía con atrincheramientos de intereses abiertamente injustos o muy discutibles, pero que una manera irracional de interpretar la fe, convertía a ésta en falaz argumento protector de egoísmos privados o tribales. Hemos visto, no sólo el recelo, sino la oposición a los esfuerzos de la Iglesia, cuando ésta busca, renovando generosidades, ayudar al hombre, también de nuestros días.
El drama no es nuevo, sino de siempre. Lo que ocurre es que se agudiza {5 (25)} en nuestra época, cuando los cambios y transformaciones ponen más en evidencia lo urgente de evitar desfases, para que, también esta situación cultural de hoy pueda ser evangelizada y contribuya, en un grado más, al desarrollo de esa humanidad que ha de ser cristiana, no desde una posición de dominio, sino desde una evangelización de la Verdad, más nueva que la realidad en que incide porque tiene más cosas que estrenar; más valiente que los proyectos de los hombres a quienes se dirige, porque quiere ir aún más lejos y más deprisa; más fuerte que todos sus impulsos, porque los supera, estaba antes y seguirá después.
El Cristianismo es más que una religión, es más que una manera o que la manera de relacionarnos o tratar con Dios. El Cristianismo no es una oposición a lo creado, tal vez ni la superación de lo creado, sino la transformación, la "redención" espiritualizadora, la liberación santificante, la restitución a Dios, la vuelta al sentido de una creación que es "nueva" y mejor:
siempre, cada día, todo es mejor; el mundo se mueve mejorando, emergiendo incesantemente perfeccionamientos latentes que se descubren hora tras hora.
Esa meta gloriosa, que llamamos "cielo" no es la revancha frente a los males o incapacidades de este mundo, sino que es el fin de este mundo: fin no como desastre, como ruina; sino fin como acabamiento ya perfecto, a punto de estreno para la eternidad, marco de la gloria de Dios y de todos sus hijos, las creaturas racionales y libres.
¡Un cielo nuevo y una tierra nueva, un hacer nuevas todas las cosas, un Dios todo en todos, una liberación de la creación!
Se trata de recoger todo impulso, todo aliento; se trata de descubrir el sentido de crecimiento de nuestra propia vida y del universo entero; se trata de reconocer esta presencia y presidencia de Cristo en todo – ¡auténtica anticipación de la medida de todo lo humano hacia Dios!. Se trata de dilatar la fe: hambre y sed de una visión más amplia: generosa, totalizante, trascendente.
El amor es la fuerza más humilde, pero la más poderosa de que dispone el mundo.
El mundo ya está cansado de tanto odio.
Las naciones no podrán unirse verdaderamente y concurrir al bien común de la humanidad, a menos que reconozcan expresamente y acepten la ley del amor en las relaciones nacionales e internacionales. Las naciones no pueden alcanzar la verdadera civilización sino en la medida en que acepten esta ley.
Yo me siento incapaz de odiar. Gracias a una larga disciplina, basada principalmente en la oración, he intentado, desde hace cuarenta años, amar a todos.
Mahatma Gandhi
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4. Dos poetas Montale y Maragall
A VECES el hermetismo es la única libertad cuando, frustrada toda esperanza, «como si todos estuviéramos ya muertos, sin saberlo» —diría Montale—, es hacia adentro que se mira y se habla a los demás. O se piensa en voz alta para que, también otros, buceen en el misterio de la verdad creciente, a la que cada uno ha de añadir su mirada.
Pensar es mirar, pensar es vivir, y pensar y mirar es juzgar. Existe una lógica, asentada en la esperanza, incluso cuando ella hace crisis, que no admite la dureza categórica de lo definitivo e inmóvil, sino que se desarrolla y crece hacia adentro, cuando no puede hacerlo hacia afuera: como en los árboles, que crecen por las raíces, cuando el frío congela el desarrollo de sus ramas.
Hay inviernos para el corazón, y el hombre más sensibilizado y lúcido, e, igualmente, más generoso y leal, no puede resignarse ni al silencio ni a la muerte, y sigue hablando y mirando.
Su porfía se agudiza hasta describir un arco más amplio apoyándose en más profundos cimientos. Habla a los demás, tan fuerte que puedan oírlo todos, tan claro que puedan entenderlo.
Pero el vigor de su fuerza se consolida cuando más hacia adentro hinca Bus raíces, cuando más profundamente encuentra su razón. Y la claridad, en un esfuerzo supremo por superar toda confusión momentánea, pueblerina, fácil y oportunista, se nutre de transparencias espirituales que la purifican para hacer perdurable su vigencia de modo que ya en el mismo momento, pero no sólo para este momento, valga y alcance a todos y para todos. Para todos los que, abiertos al esfuerzo, añadan a la corriente iniciada en un manantial anterior, como al río el afluente, su personal y propia claridad, su sinceridad, su generosa sed de verdad. Para éstos hablan los verdaderos poetas; para estos estilizan su verdad en forma de belleza, y manifiestan esta belleza en claridades de pensamiento, cuya luz no perciben los que no son —o son menos— "limpios de corazón".
Por esta razón los poetas son, con frecuencia, menos comprendidos por sus coetáneos, que por las generaciones que les siguen; su intuición es más veloz que la vulgaridad que les circunda y que, paradójicamente, les estimula. Ahora comprendemos y podemos interpretar mejor a Quevedo que los de su mismo siglo, como poeta y como creyente. Y = siempre cerca de nosotros comenzamos a comprender a Machado, a pesar de los complejos de culpa y de oportunismo de varios de los que lo evocan: su sinceridad, su tristeza, su búsqueda de Dios, en todo lo que le era "prójimo" —indiferente, ignorante u hostil, con no demasiadas consoladoras excepciones—. Más tarde, todavía, comprenderemos y podremos interpretar a Espriu. Y otros, cuya tristeza impregnó {7 (27)} o impregna su misteriosa serenidad; que parecen cerrados, pero que en realidad elaboran, trabajosamente, espiritualmente, cantos de esperanza, clamores de absoluto, desgarro o protesta en nada teatral, de pudor inmancillado, sin apartar la mirada del mundo, jamás indiferentes ni conformistas, y por esto esperanzados.
Desesperanza y esperanza. El desesperado que habla y mira hacia adentro, todavía espera, porque tiene la conciencia de que aventa el inextinguido rescoldo de la vocación humana.
Poetas y profetas. Su voz, idéntica o paralela, buscan el mismo absoluto y van hacia el mismo fin. Hay una validez perenne, afinada, sin escorias, de las palabras, de los pensamientos que denominamos clásicos" porque jamás pierden actualidad. Como hay la palabra "clásica" —los creyentes denominamos "sagrada"— de Dios, siempre abierta a mejor y más profunda interpretación, si sumamos nuestra mirada al mirar de Dios, "si miramos con la mirada de Dios dentro de nosotros" —nos dijo Maragall—. Los santos, los profetas, los poetas —los verdaderos poetas, no meros esteticistas o estilistas, nos recordaría Carlo Cassola— no pueden prescindir de Dios cuando contemplan el mundo, ni pueden mirar el mundo sin descubrir, de alguna manera, a Dios, en la absolutidad de sus exigencias. Por esto tropiezan con lo vulgar y con lo despótico. Aun sin pretenderlo, lo ponen en evidencia, y lo denuncian, en un afán impenitente de elevación, de purificación, de aproximación a la trascendencia.
Eugenio Montale, el último Nobel de literatura, pertenece a la generación de los poetas, afinador de una verdad, exquisita y hermética, patética a veces, que contenía la única reacción posible, indescifrable a la vulgaridad del despotismo fascista, precisamente denunciado, en aquellos veinte años de silencio impuesto a Italia, cuyo final era el absurdo. «No podemos decir lo que no somos, ni lo que no queremos», exclamaba Montale.
De él conocemos una hermosa traducción al italiano de la tal vez mejor poesía de Joan Maragall: Cant espiritual. La ofrecemos en páginas centrales, seguida del original catalán y traducción castellana.
No es ésta la ocasión de establecer una relación literaria entre Maragall y Montale, ambos verdaderos poetas.
Pero Maragall, el más auténtico de los románticos de la historia literaria española, aunque posterior a la época del romanticismo, representa más bien una búsqueda de la trascendencia en el mundo anterior a la Primera Guerra Mundial; Montale, en cambio, es una reacción de uno de sus efectos, el fascismo. Y para establecer una relación literario-religiosa, habría que extender a Manzoni la referencia, también romántico y de corte especial, a la par que Maragall.
Desde el punto de vista religioso, a nosotros, nos ha llamado la atención el hecho de que Montale recogiera y vertiera a la lengua de Dante, la maravilla del Cant espiritual. Y otra circunstancia: la simpatía por Florencia, la ciudad de la oriundez de san Felipe, plataforma de una etapa importante de Eugenio Montale, donde tenía su sustento y su pretexto en el cargo de bibliotecario, pero la verdadera y espiritual profesión de poeta, en lo mejor de su producción, contemporáneo del entonces cecuciente Giovanni Papini, {8 (28)} entusiasta de san Felipe y, como él, visitador de aquella iglesia que detrás de Piazza della Signoria, es el ejemplo más característico del barroco de la ciudad del Arno, y recuerda al santo florentino que, hace cuatro siglos, emigró a Roma para cambiar espiritualmente la ciudad de los Papas.
San Felipe: nacido y educado en una tierra de artistas, fue y ha sido siempre un nombre que ellos han respetado y muchas veces amado, especialmente poetas y músicos. Curiosamente, Montale es poeta y músico a la vez.
Otro tanto de Maragall: no ya porque dedicó uno de sus más célebres artículos periodísticos —L'església cremada— al Oratorio barcelonés de Gracia, sino porque un Padre joven de aquella comunidad —Xavier Jordana— guio su espíritu de fervoroso cristiano, en la vida, en la enfermedad y en la muerte, que fue en 1911.
Maragall y la muerte constituirían un tema más que literario. «La muerte no existe» decía y repetía Maragall.
Poesía, verdad y vida, no eran huidas de la realidad, sino su profundización. Y en esto sí coincidiría con Montale. Como Novalis —otro romántico purificado— creía Maragall: «La poesía es la verdad... Cuanto más poético, más verdadero».
Cuando leemos a los profetas del Antiguo Testamento, son poesía y verdad; son historia y anuncio, relato y exhortación.
Cuando leemos las parábolas evangélicas —como género literario todavía no superadas— su belleza se nos ofrece como elocuencia inagotable, si acudimos con corazón abierto, si nos hacemos afluente de su rio, claridad de su luz... Son poesía y son verdad.
No es extraño que los poetas, estilizadores —y por eso artistas— de la verdad, se acerquen a Dios y nos acerquen a Dios. Y anuncien y prediquen las exigencias divinas en esta vida, hondamente, por encima de toda vulgaridad, frente a cualquier opresión, con la palabra y con el silencio (al fin y al cabo, paréntesis de atención, en el espíritu despierto, para mejor resonancia de la palabra").
No es extraño que Montale, se acerque a la benignidad interior y pacífica de otro poeta que lleva, en el corazón, un mundo mayor que el que contemplan los ojos del rostro: Joan Maragall.
Purificado de cualquier baja escoria, de toda plebeyez, sus predilecciones.
sus amores, nos llevan concordemente a Florencia: la tenaz admiración que s. Felipe Neri profesó siempre por Savonarola: la disposición para escribir poesías; el gusto por la música (Florencia era la patria del nuevo estilo madrigalista), que ha dado celebridad al Oratorio, incluso entre los profanos; su predilección por el pensamiento platónico que precisamente en Florencia había resucitado un siglo antes y todavía se mantenía vivo en el alma de Buonarrotti: y, finalmente, el carácter democrático de la constitución de la Congregación que el fundó.
Todo ello nos recuerda su patria, jamás olvidada: y prueba así, una vez más, nuestro santo, si preciso fuera, que lo impreso en el corazón y cl carácter del adolescente, es lo que se revela y da color al resto de toda la vida.
Giovanni Papini
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5. CANTO SPIRITUALE. Joan Maragall, Trad. de Eugenio Montale
SE il mondo è tanto bello, se si speccia la tua pace nei nostri occhi, tu potrai darci più in un'altra vita?
Perciò tengo così, Signore, agli occhi, al volto, al corpo che m'hai dato e al cuore che vi batte; e perciò temo la morte.
Con che altre sensi mi farai vedere sulle montagne questo cielo azzurro, e il mare immenso e il sole ovunque acceso?
Metti tu nei miei sensi eterna pace, will e non vorrò che questo cielo azzurro.
Chi mai non disse «fermatil» a un momento, fuor di quello che gli portò la morte, non lo intendo, Signore; io che vorreio fermar tanti momenti d'ogni giorno :* per farli eterni nel mio cuore. —O questo «farli eterni» è già la morte? —E che sarebbe allora mai la vita? Ombra del tempo, illusione del "qui" e del "laggiù"; 409 89 {10 (30)} e il calcolo del poco e il molto e il troppo solo un inganno, perchè il tutto è il nulla?
Non importa. Sia il mondo ciò ch'esso è, così diverso, esteso e temporale, questa terra con cuanto in essa cresce è la mia patria; e non potrà, Signore, essere la mia patria celestiale?
Uomo sono e la mia misura umana :
per ciò che posso credere e sperare; se qui fede e speranza in me si fermano, nel'aldilà me ne farai tu colpa?
Nel'aldilà io vedo cielo e stelle, anche lassù vorrei essere un uomo: ....se ai miei occhi le cose hai fatto belle, se per esse m'hai fatto gli occhi e a sensi, con un altro "perchè" dovrò rinchiuderli?
Tu sei, lo so; ma dove, chi può dirlo?
In me ti rassomiglia ciò que vedo...
Lasciame creder dunque que sei qui.
E quando verrà l'ora del timore che ciuderà questi miei occhi umani, aprimene, Signore, altri più grandi per contemplare la tua immensa face, e la morte mi sia un più grande nascere.
{11 (31)}
VERSIÓN EN CASTELLANO DEL "CANT ESPIRITUAL" DE JOAN MARAGALL
Si el mundo es va tan bello, si se mira —con tu paz dentro de nuestros ojos, —¿qué más nos puedes dar en otra vida? —Por esto quiero tanto estos ojos, y el rostro. —y el cuerpo que me has dado, Señor, y el corazón —latiendo siempre por esto temo la muerte. —¿Con que otros sentidos harás que ven el cielo azul por encima de las montañas, y el mar inmenso y cl sol resplandeciente por todas partes? —Ponme en estos sentidos la paz eterna —y no querré mus ciclo que este azul. —Al que a ningún momento dijo "detente, sino solamente al que le trajo la muerte. —yo no lo comprendo, Señor: yo, que querría detener tantos momentos cada día —para hacerlo eternos en mi corazón. —¿O es que este eternizarlos ya es la muerte? —¿Pero, entonces, la vida, que sería? —¿La sombra, tal vez, del tiempo que pasa, —o la ilusión de lo lejano y de lo próximo, —o el contar de lo mucho y poco y demasiado, —como un engaño, porque ya todo es nada? —No importa. Este mundo, sea como sea, —tan diverso, tan extenso, tan temporal: —esta tierra, con todo lo que en ella cobra vida, —es mi patria. Señor: ¿y no podría —ser, también mi patria celestial? —Yo soy un hombre, y humana es mi medida —en todo lo que alcanzo a creer y a esperar: —si mi fe y mi esperanza se detienen aquí –¿me lo echarás en culpa más allá? —Más allá veo el cielo y las estrellas, —y todavía allí quisiera estar: —si has hecho las cosas tan bellas a mis ojos, —y éstos y mis sentidos me los has dado para ellas, —¿por qué cerrarlos esperando otro "por qué? —Si para mí no habrá nada mejor. —ya sé, Señor, que existes pero ¿dónde y quién lo sabe? —Todo cuanto veo se te me representa en mí. —Deja que crea, pues, que estás aquí. —Y cuando venga la hora del temor —que cerrará calos ojos humanos. —Ábreme, Señor, otros ojos mayores —para contemplar tu faz inmensa. —Y sea para mí la muerte un más grande nacimiento.
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CANT ESPIRITUAL
SI EL MÓN ja és tan famós, Senyor, si es mira amb la pau vostra a dintre de l'ull nostre, què més ens podeu dar en una altra vida?
Per'xò estic tan gelós dels ulls, a el rostre, i el cos que m'heu donat. Senyor, i el cor que  s'hi mou sempre... i temo tant la mort!
Amb quins altres sentits me'l fareu veure aquest cel blau damunt de les muntanyes, i el mar immens a el sol que per tot brilla?
Deu-me en aquests sentits l'eterna pau i no voldré més cel que aquest cel blau.
Aquell que a cap moment li digué: —Atura't—, sinó al mateix que li dugué la mort, jo no l'entenc, Senyor, jo, que voldria aturar tants moments de cada dia per fê'ls eterns a dintre del meu cor!...
O és que aquest "fer etern" és ja la mort?
Mes llavores, la vida què seria?
¿Fóra l'ombra només del temps que passa, la il·lusió del lluny a de l’a prop, i el compte de lo molt a el poc a el massa, enganyador, perquè ja tot ho és tot?
Tant se val! Aquest món, sia com sia, tan divers, tan extens, tan temporal; aquesta terra, amb tot lo que s'hi cria és ma pàtria, Senyor; a i no podria ésser també una pàtria celestial?
Home só i és humana ma mesura per tot quant puga creure a esperar:
si ma fe a ma esperança aquí s'atura, me'n fareu una culpa més enllà?
Més enllà veig el cel a les estrelles, i encara allí voldria ésser-hi hom:
si heu fet les coses a mos ulls tan belles, si heu fet mos ulls a mos sentits per elles, per què acluca'ls cercant un altre com?
Si per 'mi com aquest no n'hi haurà cap!
Ja ho sé que sou, Senyor; pro on sou?, qui ho sap?
tot lo que veig se vos assembla en mi...
Deixeu-me creure, doncs, que sou aquí.
I quan vinga aquella hora de temença en què s'acluquin aquests ulls humans, obriu-me'n, Senyor, uns altres de més grans per contemplar la vostra faç immensa.
Sia'm la mort una major naixença!
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6. DIOS, para intelectuales
NO ES VERDAD que los buenos intelectuales, por ser intelectuales, pierden la fe, si la tenían, o les resulta más difícil que a las personas sólo medianamente instruidas, admitir a Dios en su vida.
Lo más probable es que se produzca, en ellos, un desnivel entre el progreso que alcanzan en los demás saberes y la in movilidad de los escasos conocimientos y experiencias de Dios originarios; origen que por lo común se remonta a la infancia y saber que a buen seguro no excedía ese mínimo irrisorio de un catecismo de primera comunión... Por de pronto les avergüenza volver a ser niños.
Pero si, además, el Cristianismo es una vida, la paralización mantenida hasta la adultez, no se compensa sin un verdadero esfuerzo sin la generosidad de una redoblada abnegación que, indudablemente, obliga a replanteamientos profundos, de perspectivas finales siempre hermosas, que, generalmente, se alcanza siempre y sólo a través de inmediatas renuncias.
Otro Cristianismo, el de un barniz hipócrita o de apariencia superficial y sociológica, tampoco es un verdadero Cristianismo y, por poco que su inteligencia se detenga a considerarlo, lo rechazan. Otro tanto de la versión beatil o fanático-sentimental, compensadora asequible de la humillación no aceptada que viene de las humanas limitaciones.
Es un problema, y se rechaza.
Pero acostumbrados a razonar más o menos todo, habrá que razonar también este rechazo y el hacerlo apoyándose en cualquier pretexto científico, es el modo más cómodo de hacer la réplica imposible a los menos cultos que pudieran atreverse a contradecirles.
El dinamismo de nuestra época, es comentado por todo el mundo; pero tanto si se lamenta como si se alaba, al fin nadie deja de acoplarse y acomodarse al ritmo que impone. Lo contrario sería perecer. Las costumbres, los horarios, la organización de las actividades, la selección de los productos y su consumo... todo acaba siendo finalmente admitido. Tal vez llevados del cansancio de tanto cambiar, referente a las cosas de Dios se haya convenido que allí por los menos teníamos algo estático y fijo con la garantía de lo siempre permanente, y que por ello nos compensaba de la fatiga impuesta por el continuo movimiento. Pero ello es sólo parcialmente verdadero: Dios necesariamente es siempre el mismo, pero la vida también necesariamente, es siempre cambiante en su fluidez inagotable. Y, finalmente, Dios es para esta vida {15 (35)} siempre en renovación. El no tenerlo en cuenta ha podido influir en favorecer una falsa imagen de Dios, simplificada en el éxtasis infantil o enajenado, de una idea desplazada de la realidad vital e irrenunciable.
Pero hay también una cuestión de generosidad y de humildad que los que encuentran inadecuado o inútil el pensamiento de Dios, en no pocas ocasiones les atañe.
Generosidad, decimos, porque Dios es gratuito, Dios y lo que sepamos de él y lo que hagamos por él en esta vida, no tiene compensación, no es gratificado al portador como las demás aportaciones de otros esfuerzos, de otras dedicaciones, de otros saberes, de otros prestigios. A nadie, en unas oposiciones, le hacen o pueden hacer, una radiografía espiritual para que, de acuerdo con su grado y vida de fe, le den mejor empleo. Luego, para muchos hombres, Dios, como adorno, como añadido, va bien, pero lo primero es lo gratificable, y lo que tiene precio es preferido a Dios.
No vamos a entrar aquí en si son convenientes o no las asignaturas de Religión en los estudios secundarios y en los universitarios; pero sí que podemos preguntarnos qué interés representan los conocimientos de Dios en comparación de los preferidos realmente, que son los literarios y los científicos. No digamos de nuestras Universidades donde todavía existe la asignatura de Religión, pero por el fácil procedimiento de abonar, por supuesto, la matrícula, entregar a fin de curso una papeleta al bedel y pasar unos días después a recoger un "aprobado" sin clases, sin lecciones, sin profesor...
Un ingeniero, un médico, un abogado, un filósofo... ¿qué sabrán de Dios, en relación y a la altura de los demás conocimientos que han adquirido, o se presume que han adquirido?
Pero el grado y la medida en que esto es así, no la carguemos toda en las instituciones. Los cristianos de verdad, por sí mismos, deberían interesarse por ir nivelando las adquisiciones que van haciendo de otras experiencias y de otros conocimientos, con el conocimiento y la experiencia de Dios.
Sólo que, la sabiduría de Dios no es un honor, ni título para un sueldo.
Por este motivo unos optan por el respetuoso silencio. Otros por la abstención de lo que "no entienden" por pura ignorancia. Otros inventan pseudo-sabidurías donde amparar su discrepancia. Otros abren paréntesis de puro sentimentalismo para Dios, pero sin dejarle entrar en los egoísmos de su propia vida; sentimentalismo que les cure de algún miedo, pero que nunca les acaba de llevar a un verdadero amor.
Y algunos —tal vez más de los que pensamos— creen sinceramente en Dios mientras se esfuerzan por integrarlo en todo lo nuevo que descubren con su saber y se admiran, agradecidos, de la belleza de la verdad siempre creciente.
Para juzgar de las COSAS es preciso no sólo el conocimiento de ellas, sino también poseer un sentimiento vivo de la época en que se realizaron.
Jaime Balmes
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7. Predicación conflictiva en la España posconciliar: HOMILÍAS MULTADAS
EL TEÓLOGO protestante, George Casalis, escribió (hace años) un libro, cuyo título en español seria "LA HOMILIA, PROBLEMA POLÍTICO".
Y cuando uno de nuestros editores quiso traducirlo, le fue prohibido.
Las homilías multadas han venido a ser en los últimos años una de las partidas fuertes de las sanciones gubernativas, y el delito (?) que —por impago— ha llevado más sacerdotes a la cárcel. Ha sido también uno de los puntos más agrios en las relaciones (o no "relaciones") entre el Estado y la Iglesia.
Las causas de esta escalada conflictiva, sin par y sin precedentes, esclarecen algunas peculiaridades españolas del proceso en que la predicación entró por obra y gracia del Vaticano II. Digamos que este hecho se ha vivido en nuestra Iglesia entre el asombro indignado de unos, el aplauso de otros y el humor de casi todos, pues los chistes vistos y leídos son varias docenas.
Vamos, pues, a los datos que están en las crónicas recientes.
En marzo de 1975, las revistas VIDA NUEVA e INCUNABLE publicaron la lista más completa que se ha hecho de las homilías sancionadas.
Esa lista enumera 109 homilías multadas en menos de tres años. La suma de las sanciones es de 11.095.000 pesetas. Barcelona tiene dos, Bilbao 30, Madrid 10, Málaga una, Mondoñedo tres, Oviedo una, Pamplona 41, Salamanca una, San Sebastián 12, Valladolid tres, Vitoria una, Zaragoza tres, Las Palmas una. Los confeccionadores de la lista no pudieron conocer exhaustivamente las formas de pago, pero supieron que 43 sacerdotes sufrieron arresto sustitutivo, con cárcel o reclusión en monasterios o en conventos.
{17 (37)} De marzo a noviembre de 1975 he contabilizado sin esfuerzo (han podido escapárseme bastantes) otras 23 homilías multadas, que suman 3.350.000 pesetas. Corresponden a Granada, seis homilías; a Cádiz, cuatro; a Algeciras, cuatro; a Valencia, tres; y una a La Coruña, Pamplona, Barcelona, Tarragona, Murcia y Albacete.
La sanción máxima por una homilía ha sido de 600.000 pesetas. Pero la máxima tensión conflictiva ha correspondido a dos homilías episcopales que, sin ser multadas, tuvieron muy graves consecuencias: las homilías de monseñor Añoveros, en febrero de 1974, y una homilía de monseñor Iniesta, en octubre de 1975.
En un comentario a la lista citada, Lamberto de Echeverría precisa que, para sancionar las homilías y para imponer la prisión subsidiaria, se ha aplicado un sistema de urgencia administrativa sin intervención de los tribunales competentes, y que en ningún caso ha precedido un dictamen pastoral de la autoridad eclesiástica.
Frente a estos hechos, la Iglesia ha recordado insistentemente, por diversos medios, los principios conciliares y la doctrina del Magisterio, que establece y proclama el derecho a predicar con libertad el Evangelio y a aplicarlo a las circunstancias humanas y al orden social y político.
Todo el país vio el fantasma de las homilías multadas detrás de aquel enérgico párrafo del cardenal Tarancón a Su Majestad el Rey Juan Carlos I: «...la Iglesia predicará el Evangelio, y lo gritará si es necesario». Los obispos del sur de España, en nota de protesta de 27 de octubre de 1975, a raíz de una racha de homilías multadas, señalan dos puntos claves de este asunto: «No podemos menos de lamentar la dureza injustificada de tales sanciones, sin suficiente comprobación de los hechos, a los que no pocas veces se califica indebidamente de delictivo. Aún es más de reprochar la actitud de algunos fieles de denunciar desconsideradamente a los sacerdotes ante las autoridades civiles sin acudir previamente a los pastores de la Iglesia».
La verdadera generosidad con el porvenir consiste en dar todo el presente.
Albert Camus
Inventar el futuro y realizarlo.
Inspirado por la cólera y las esperanzas de la juventud, es primero a la juventud a quien me dirijo. A la juventud de edad, pero también a la juventud del espíritu y del corazón:
a los que creen que la vida del hombre no está hecha únicamente para aceptar o para maldecir, sino para comenzar y para crear.
Tenemos menos necesidad de sistemas —que no harían del presente más que historia, como se hace la de los muertos— que de pensamientos en fusión que puedan ser incitaciones, instrumentos o fuerzas para inventar el futuro y realizarlo.
Roger Garaudy.